Museo Chileno de Arte Precolombino: Para entender el pasado americano

Sergio Larraín García-Moreno, arquitecto chileno, comienza la adquisición de piezas precolombinas por el territorio americano. Durante la década de 1950, Larraín García-Moreno sienta una fascinación total por estos objetos y los conserva como obras de arte. Así, recolecta distintas manifestaciones culturales precolombinas, en los más variados soportes, estilos y técnicas.

Hacia la década del 70, Larraín García-Moreno decide refugiar su colección de arte precolombino en una institución capaz de mantener, exhibir y acrecentar el acervo. Para ello, estrecha relaciones con universidades e instituciones estatales, consiguiendo finalmente la respuesta entusiasta de Patricio Mekis, alcalde de la capital chilena.

Entonces, el municipio de Santiago se embarca en la búsqueda de un inmueble apropiado para la colección. Larraín García-Moreno encarga a su abogado, Julio Philippi, la gestación de un marco legal que institucionalice los principios, objetivos, responsabilidades e intenciones sobre la colección. Bajo esta premisa, se establece la Fundación Familia Larraín Echenique, que convierte a los herederos del coleccionista en guardianes de la colección. Pronto la Fundación y el Municipio de Santiago firman convenio, testificando la donación de las obras y el aporte municipal en cuanto al inmueble y los gastos operativos. En 1981 el Museo Chile de Arte Precolombino es abierto al público.

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Arquitectura

El museo funciona en el antiguo Palacio de la Real Aduana, edificio reconstruido en la década de 1980 tras el incendio de 1968. Anteriormente, el inmueble había servido como Biblioteca Nacional y sede de los Tribunales de Justicia.

El monumento es de estilo neoclásico y se basa en los planos del arquitecto italiano Joaquín Toesca. La construcción es encargada al ingeniero militar José María de Atero, quien construye el Palacio de la Real Aduana entre 1805 a 1807.

Colección

La muestra del Museo Chileno de Arte Precolombino abarca desde las primeras manifestaciones artísticas hasta las obras más diversas a la llegada de los conquistadores europeos. Arte cerámico, textil, plumario, lítico, piezas en metal y madera, petroglifos conforman un testimonio de sensibilidad creadora precolombina.

La colección ha sido ordenada por áreas culturales: Mesoamérica, Caribe, Intermedia, Amazonas, Andes Centrales y Andes del Sur. A su vez, cada área se compone de grupos culturales.

La sección de Mesoamérica congrega las manifestaciones de arte azteca, colima, maya, mixteca, olmeca, teotihuacano, tlatilco, tolteca, zapoteca, chupicuaro, izapa, nascarit, guerrero, nicoya – guanacaste y veracruz. La sección del Caribe cuenta con piezas tainas y la sección del Amazonas, marajoaras. La sección Intermedia concentra obras de arte bahía, capulí, chorrera, coclé, cuasmal, diquís, guangala, jama-coaque, La Tolita, manta, quimbaya, San Agustín y valdivia. La sección de los Andes Centrales presenta obras chancay, chavín, chimú, ica-chincha, inka, lambayeque, moche, nasca, paracas, recuay, tiwanaku, vicús, wari y maytas-chiribaya. La sección de los Andes del Sur exhibe piezas aconcagua, arica, cabuza, chinchorro, condorhuasi, ciaguita, Faldas del Morro, horizonte tiwanaku, La Aguada, llolleo, mapuche, pica, pitrén, San Pedro y Santa María.