San Manuel Bueno, Mártir, de Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno (1864-1936) fue uno de los más destacados miembros de la Generación del 98. Filósofo y escritor sin igual.

unamunoSe doctoró en Filosofía y Letras con la tesis “Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca” (1884). En 1891 fue nombrado catedrático de griego en la Universidad de Salamanca y en 1901 llegó a ser rector. En 1914 tuvo que dimitir de su cargo académico debido a sus ataques a la monarquía de Alfonso XIII. No obstante, siguió dando clases de griego. Se enfrentó, en 1924, con la dictadura de Primo de Rivera. Tiempo después, se fue a Francia, exiliándose de forma voluntaria. Regresó a España cuando finalizó la dictadura y volvió a ser rector en la Universidad de Salamanca. Lo será hasta el final de su vida. Primero no vio con malos ojos la sublevación del ejército español, que pronto lideró el general Francisco Franco. Pero al poco tiempo declaró públicamente: “venceréis, pero no convenceréis”. Fue, pues, una persona muy inquieta en todos los ámbitos, involucrándose casi siempre en la política. Pasó los últimos días de su vida de forma tranquila y discreta en su hogar, en Salamanca.

Se trata de un escritor con una fructífera obra que abarca todos los géneros literarios. De esta forma, escribió poemas, novelas y obras de teatro. Además fue un excelente crítico literario. Su obra narrativa empieza con Paz en la Guerra (1897), continúa con Niebla (1914) a la que se refería como Nivola, con el fin de intentar renovar la técnica narrativa. También escribió obras tan relevantes como La Tía Tula y San Manuel Bueno, Mártir (las dos en 1933) siendo ésta última una obra maestra indiscutible. Miguel de Unamuno realiza San Manuel Bueno, Mártir en 1930. En esta primera versión hallamos varias correcciones que se hicieron para la revista La Novela de Hoy (1931). Aparece la edición definitiva en Espasa-Calpe en 1933.

Para escribir este libro, el autor se tomó su tiempo. Y es que estuvo pensando varios años en realizar una novela sobre un cura en plena crisis de fe. Para ello beberá de diversas fuentes. No nos hallamos, pues, ante una historia completamente original. Unamuno se inspira en lecturas, leyendas y visitas. Así, en 1930 hace una salida al lago de Sanabria, donde existe la leyenda de un pueblo, Valverde de Lucerna. Éste nombre es igual en la novela de Unamuno y se dice que el pueblo está sumergido en el lago. Además, en la crónica de seudo Turpin, en la que se explican conquistas de Carlomagno, se comenta: “las tomó todas menos Lucerna, que está en Valle Verde, que no pudo tomarla hasta el último año, porque era muy fuerte”. Luego, hay otra leyenda recogida por Ernest Renan, el cual Unamuno leía. Un fragmento de su obra es: “se trata de la villa de Is, sumergida en el mar”. Aunque Unamuno se inspire en diferentes fuentes para enmarcar el contexto de la obra, lo cierto es que toda la profundidad del tema y la trascendencia de éste es mérito exclusivo suyo. Lo que es totalmente Unamuniano es todo el sentimiento trágico de la vida. Así, pues, nos encontramos ante la novela más autobiográfica del autor.

La obra empieza centrándose en la narradora, Ángela Carballino, que vive en el pueblo de Valverde de Lucerna. Un personaje imprescindible en la aldea es el sacerdote don Manuel Bueno, que es el guía espiritual de Ángela.

La narradora explica la gran capacidad de persuasión que tiene el cura, al cual sigue fielmente todo el pueblo. Don Manuel vive para los demás. Es la máxima expresión de la caridad cristiana. Se trata de un hombre activo y generoso que no quiere ni un solo momento para él mismo.

Cuando Ángela tiene 24 años, el hermano de ésta, Lázaro, el cual estaba en América, vuelve a la aldea. Lázaro y Manuel terminan por hacerse amigos. Un día, don Manuel le comenta a Lázaro su secreto: que no tiene fe y que por eso se calla en el momento del credo. También le dice que no se lo comente a nadie, porque el objetivo del sacerdote siempre ha sido hacer felices a los demás y según Manuel, para que todos estén contentos hay que animarlos a tener fe y esperanza. Ángela se acaba enterando de ello. Pronto el cura se pone enfermo y finalmente muere. Tanto Lázaro como su hermana quedan muy tocados por este suceso. Al poco tiempo fallece Lázaro y Ángela se propone vivir de la forma que le ha enseñado el sacerdote y tener, así, contento a todo el mundo. En varias ocasiones, el obispo visitará a Ángela para que le hable de don Manuel, con el fin de beatificar al párroco. Pero ella no se atreve a decirle toda la verdad sobre el caso.

Se trata de una obra muy rica en cuanto a recursos literarios. Así, el protagonista es comparado, a menudo, con el lago a través de frases como: “leí no sé qué honda tristeza en sus ojos, azules como las aguas del lago”. O bien: “en el fondo del alma de nuestro don Manuel hay también sumergida, ahogada una villa y que alguna vez se oyen sus campanas”. Por otro lado, a don Manuel se le compara mucho con Cristo. Nos damos cuenta de ello, por ejemplo, por frases que dice el cura, como: “Dios mío, Dios mío. ¿Por qué me has abandonado?” Además se le compara con Moisés cuando se hace referencia al Éxodo: “el Señor le mostró la tierra prometida a su pueblo, pero diciéndole a Moisés: ¡no pasarás allá! Y dejó por caudillo a Josué”. De este modo, entendemos que sus feligreses creen en la vida eterna, excepto él, que es su guía.

Finalmente, recordar que don Manuel no dice la verdad a su pueblo porque piensa que ésta es terrible: “¿la verdad? La verdad, Lázaro, es acaso algo terrible, algo intolerable, algo mortal. La gente sencilla no podría vivir con ella”. Y es que el propio Unamuno opina: “el rostro de la verdad es terrible. ¿Cuál es nuestro deber? Ocultar la verdad al pueblo. El Antiguo Testamento dice: “El que mire a Dios a la cara, morirá.” El mismo Moisés no pudo mirarlo a la cara. Lo vio por detrás, y solamente el faldón de su vestido. Así es la vida. Engañar, engañar al pueblo para que el miserable tenga la fuerza y el gusto de vivir. Si supiera la verdad, ya no podría, ya no querría vivir. El pueblo tiene necesidad de mitos, de ilusiones, el pueblo tiene necesidad de ser engañado”.

Concluimos, pues, que don Manuel al igual que el autor, tiene miedo a la verdad. No se quiere enfrentar a ella, porque cree que es horrible. Aunque los dos, el Unamuno ficticio y el auténtico, también “creen no creer”. Una novela, pues, llena de contradicciones, al más puro estilo Unamuniano.