El Barroco: Fastuosidad y Realismo

Italia se convierte en la cuna de un nuevo estilo que se constituye en el siglo XVI y se prolonga hasta el XVIII. Expresión artística de un mundo profundamente católico, vivificada por el ánimo renovador del Concilio de Trento y la Contrarreforma.

El Barroco transforma intensamente las formas renacentistas, enfatizando la elasticidad y la movilidad, además de otorgar un desbordante sentimiento. Es asombrosa la rapidez con que se difunde el nuevo estilo por cada uno de los países europeos, donde florecen distintas variantes de personalidad propia. La consideración por el Barroco se ha ido germinando paulatinamente, pero numerosas disertaciones señalan hoy, la originalidad del espíritu de sus artistas y el esplendor de sus creaciones. Su momento de plenitud y apogeo en el siglo XVII, es considerado en la actualidad, como una de las más excepcionales y sobresalientes revelaciones de la Historia del Arte Universal.

El Barroco, aún manejando semejantes elementos como continuación del Renacimiento, incorpora unos ideales artísticos opuestos. Su gusto por la magnificencia, el lucimiento y la fastuosa movilidad de las formas, el colorido y la expresión de volubles emociones, encarnan el genio y la originalidad del movimiento. No es un arte exclusivamente religioso, manifiesta una vertiente profana muy significativa, cuya propagación concertaba perfectamente con los cánones estéticos de la opinión pública en la época, donde coexistían al mismo tiempo, la complacencia popular por el espectáculo y la ideología política, de que el poder se encumbraba con la exhibición de un fulgor fastuoso. La exacerbación social por la monarquía, extremadamente amada y venerada por el pueblo, atañe de forma directa a las representaciones barrocas de la época.

las meninas barroco

La obstinación por el movimiento, el contraste, el gusto por la policromía y la manifestación de fuertes sentimientos, son las peculiaridades esenciales del Barroco que participan en todas las modalidades artísticas y se interpretan y fusionan entre sí, de manera irrepetible en la historia del Arte.

La arquitectura barroca hereda las formas y elementos constructivos de la etapa renacentista, sin embargo, modifica intensamente sus proporciones y las totaliza en misceláneas arquitectónicas dotadas de un carácter completamente incomparable y original. Uno de los talantes más exclusivos del Barroco es el gusto por lo curvilíneo; las formas se flamean y los muros y entablamentos se dotan de dinamismo; los frontones se fraccionan y se resuelven en curvas cóncavas y convexas, hasta la completa disipación de las normas y proporciones clásicas. Florece el orden colosal inspirado en los edificios del Imperio Romano, caracterizado por la utilización de grandes columnas y pilastras, que enmarcan los elementos arquitectónicos de las portadas. Las superficies lisas se encubren con nichos y profusos elementos decorativos. Las columnas en espiral, acordes a la predilección por el movimiento y las formas de límites indefinidos, son algunos de los nuevos elementos arquitectónicos más frecuentes. La cubierta de San Pedro de Roma, construida por Miguel Ángel, inspira las grandes dimensiones de las cúpulas, que en algunos ocasiones alcanzan incluso la independencia del resto del edificio. La luz, estudiada profundamente por los constructores con el designio de exaltar la movilidad de las obras, duplicar los ángulos de perspectiva y el dinamismo de las formas, interpreta un papel esencial en la arquitectura. Existe una complacencia en crear efectos ópticos ilusionistas, basados en digresiones de luces que se proyectan en los interiores a través de claraboyas encubiertas. La decoración, inspirada en elementos clásicos del Renacimiento que se utilizan con enorme profusión, se vivifica y enriquece de movimientos hasta límites inusitados.

La escultura del Barroco se recrea en un naturalismo que aspira a reflejar la realidad tal como es, lejos de una interpretación idealizada. Goza de una representación inspirada en la vida real y en la expresión de variados sentimientos, reflejados de forma fugaz. Se deleita con los aspectos variables de la vida y encarna los rasgos personales y aquellos talantes que expresan estados psicológicos vibrantes y apasionantes.

En el ámbito religioso, los escultores barrocos concentran su atención de forma esmerada, en las manifestaciones del espíritu, expresada en toda su dilatada gama, desde el agarrotado dolor del mártir, hasta las conmociones del místico. Las esculturas conferidas de gran agitación y dinamismo, se proyectan hacia el exterior, contorsionando sus miembros en exageradas actitudes.

Los escultores barrocos haciendo gala de un virtuosismo técnico, derivan una concepción muy pictórica de la escultura, por la que prestan gran atención a los efectos del conjunto y a la interdependencia entre la masa esculpida y el ambiente arquitectónico y luminoso; las vestimentas de amplios pliegues, con muescas y resaltes muy acusados, generan grandes contrastes de luz y sombras.

La temática y la actitud psicológica del pintor ante sus modelos se transforman profundamente, así como el modo de concebir la luz, el color y la distribución espacial. El gusto por la representación de la realidad en todas sus apariencias, desde las más equilibradas hasta las más estrepitosas, culmina en el campo pictórico. Los pintores se inspiraron infatigablemente en la realidad misma, dilatando con ello formidablemente la temática pictórica; toda la gama de paradigmas humanos, personajes y escenarios populares, escenas callejeras o íntimas, atraen su atención. Representan sin vacilaciones a personajes harapientos o desdichados, en toda su crudeza, pero también les envuelven, en muchos casos, de un profundo calor humano y ternura. Se reiteran las escenas de tormentos y angustias, en composiciones colmadas de movimiento y realismo, en las que se insiste en los aspectos cruentos y expresivos del tema

El retrato adquiere también una singular importancia y el artista se complace en reflejar el fondo psicológico de los protagonistas de sus obras, en toda su diversidad y riqueza, sin idealizarlos en lo más mínimo. Es en la luz y en el color, donde la pintura barroca halla su más acertada expresión. Se elabora el concepto de perspectiva aérea, que pretende representar la atmósfera y la luz ambiental, que circunda a los objetos para conseguir de este modo, una impresión real de distancia. El Barroco simboliza el triunfo de lo pictórico, un nuevo modo de ver las manchas, en las que las líneas se difuminan, en busca una sensación de profundidad homogénea. Las luces son relativas e interdependientes unas de otras, originando un sentido de unidad en las composiciones. El Barroco aporta también profundas innovaciones en la composición y la distribución espacial, implicando una concepción limitada del espacio.