Caravaggio

La artificiosidad en que desembocó la pintura italiana a finales del S. XVI tuvo su mejor alternativa en la obra de Caravaggio. Con él nació en cierto modo el arte barroco, especialmente en su vertiente más naturalista.

Su obra ejemplifica la pretensión barroca por recuperar, reinterpretándolas, las fuentes clásicas, demostrando que el enemigo no era el Renacimiento, como .todavía se piensa a menudo, sino el Manierismo. Pero Caravaggio fue más allá. No se conformaba con volver al clasicismo. Su modelo era, simplemente, la naturaleza. Caravaggio debió su nombre a la población cercana a Milán en la que nació. Se llamaba en realidad Michelangelo Merisi, y sólo fue conocido por su apodo desde su llegada a Roma.

Era hijo de un alto dignatario de su ciudad natal, hombre muy bien relacionado con varias de las familias dirigentes (especialmente con los Colonna) que extendían su entramado de poder por toda Italia. La protección de la que había gozado su padre la heredó Caravaggio, quien acabó por sacar bastante partido como artista a sus buenas relaciones. Con trece años entró de aprendiz en el taller de un mediocre pintor discípulo de Tiziano. Aprendidos los rudimentos de la técnica pictórica, Caravaggio marchó a Roma en 1592, donde tras una primera etapa de precariedad económica y problemas de salud, comenzó a cosechar sus primeros éxitos. Trabajó para el pintor Giuseppe Cesari realizando bodegones, y pronto empezó a recibir encargos.

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Hasta 1599 pintó cuadros de pequeño tamaño, entre los que destaca su autorretrato “Baco enfermo”, en el que apuntaba ya algunos de los recursos que le harían famoso, como los fondos neutros de las composiciones, la sencillez en la elección de los colores y el incipiente tenebrismo de la luz. En sus obras tempranas (especialmente en el “Concierto de jóvenes” y “El tocador de laúd”) también puede apreciarse ya el carácter sensual que caracteriza a muchas de sus figuras, atribuido por algunos a su presunta homosexualidad y por otros a las exigencias del cliente (muchas de sus primeras pinturas fueron encargos del cardenal Del Monte, conocido en la época por sus ambiguos gustos sexuales).

Su naturalista concepción de la representación, según la cual prefería retratar los temas elevados mediante personajes y puestas en escena cotidianas, también empezó a ser ensayada entonces, destacando su “Magdalena arrepentida”.

El año 1599 marcó un cambio fundamental en la carrera de Caravaggio. La iglesia de San Luis de los Franceses (representante de la iglesia francesa en Roma) le encargó dos obras para la capilla del cardenal Cointrel. Un trabajo de este nivel le daba la oportunidad de demostrar todo su talento, y el artista se propuso abordarlo del modo más novedoso posible. Una de las pinturas, “El Martirio de San Mateo”, resultó una composición soberbia, aunque conservaba todavía una estructura más bien tradicional. Pero la otra, “La Vocación de San Mateo”, supuso un hito pictórico revolucionario, tanto a nivel conceptual como estético. La sorprendente composición podría pasar por una escena cotidiana en un primer golpe de vista. Sin embargo, un análisis más profundo revela un personal y minucioso programa iconográfico. Llama la atención la diferencia de vestimentas entre el grupo de fieles (a la moda del S. XVII) y las de Mateo y Jesucristo (con túnicas antiguas). También se aprecia, ya plenamente resuelto, el sentido ideológico del chorro de luz que ilumina a los fieles, así como el extraordinario equilibrio cromático de la obra.

A esta pintura fundamental le siguieron muchas más obras de carácter religioso, como “La cena en Emaús”, o su célebre “Crucifixión de San Pedro”, encargo para la iglesia de Santa Maria del Popolo, demostración portentosa de su capacidad para sintetizar una acción en un solo instante. Otro encargo para la capilla Contarelli propició el primer rechazo a su naturalismo exagerado. Alegando que “San Mateo y el ángel” era demasiado vulgar, el cliente obligó a Caravaggio a repetir la obra de un modo más decoroso.

Hacia 1605, otro desafortunado incidente obligó a Caravaggio a huir de Roma. Su vida estuvo plagada de ellos, con numerosos altercados públicos en su haber, lo cual ha alimentado una leyenda de bohemio de vida desordenada y carácter temerario. En esta ocasión el suceso se produjo después de una partida a un juego de pelota, en la que Caravaggio hirió a un oponente que posteriormente murió. Condenado a muerte por la justicia, se dirigió a Nápoles, entonces virreinato español.

Continuó pintando grandes obras para las iglesias napolitanas, destacando “Las Siete Obras de Misericordia”, realizada al poco tiempo de su llegada en 1606. Se trata de una obra turbadora, en la que su tenebrismo llega a las más altas cotas. Para muchos constituye su mejor obra madura.

A partir de entonces, la vida de Caravaggio se vio envuelta en una espiral de nuevos acontecimientos trágicos de la que no se recuperaría jamás. En 1607 marchó a Malta, con la esperanza de recibir gran cantidad de encargos para la futura catedral de San Juan de La Valetta, que entonces se empezaba a construir. Fue muy bien recibido, como lo demuestra su investidura como caballero de la orden de Malta. Pero al descubrirse la razón que le había hecho abandonar Roma fue encarcelado de nuevo. En la isla dejó algunos importantes trabajos, entre ellos su “Degollación de San Juan Bautista”.

Después de liberarse e huir a Sicilia, Caravaggio regresó a Nápoles. Sin embargo, nuevos altercados le esperaban: fue atacado violentamente por algunos enemigos no identificados, quedando desfigurado y gravemente herido. Quiso volver a Roma, en un último intento de reconducir su vida y su carrera artística, decidido a pedir perdón por su crimen. En Porto Ercole, donde esperaba el barco que le habría devuelto a la ciudad de sus mayores triunfos, un malentendido hizo que fuera encarcelado una vez más. Su estado físico se resintió definitivamente de tantas penalidades. Enfermo de paludismo, fue liberado, pero falleció poco después, con apenas 39 años.