Ruta por los mejores castillos de Europa

Son multitud los viajes organizados a Europa que podemos realizar según nuestras apetencias de ocio y cultura. Así, el viejo continente gracias a sus siglos y siglos de historia, nos destina desde rutas para descubrir sus mejores catedrales, sus mejores villas medievales o la que abordamos en este artículo: ruta por los mejores castillos. ¿Dónde los encontramos?

Rin

Ruta por los castillos de Rumanía

Resulta inevitable que a la hora de hablar de castillos de Europa, comencemos por el más famoso dentro de la cultura popular no sólo del continente, sino de todo el mundo.

Se trata del castillo de Bran, edificación medieval cuyo nombre no nos evoca a la gran mayoría absolutamente a nada pero, ¿qué tal si os damos como pista que nos encontramos en plena región de Transilvania? Efectivamente el castillo de Bran ha pasado a ser conocido en la historia popular como el castillo de Drácula, donde el héroe local Vlad el Empalador vivió y cuyas leyendas inspiraron a Bram Stoker a escribir el libro cuyo alter ego lo haría mundialmente famoso.

Pero esto se trata de una ruta, por lo que no tenemos ni debemos quedarnos con que toda construcción fortificada de Rumanía se resume al vampírico castillo: el bello país del este europeo nos esconde aún joyas aún más bellas como el imponente castillo de los Corvini, más conocido como fortaleza Hunedoara, el hermosísimo y colorista castillo de Peles o la impresionante y sorprendente ciudad fortificada de Sighisoara, merecidamente Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Ruta por los castillos de Baviera

Del castillo más evocador de Europa dentro de la cultura popular a otro que le sigue a la zaga. Se trata del castillo de Neuschwanstein (en castellano: la nueva piedra del cisne), que tal como nos ocurre con el castillo de Bran su nombre nos dice poco pero, ¿qué tal si os indicamos que estamos ante el castillo de la Bella Durmiente?

No es que ni Charles Perrault ni los Hermanos Grimm, autores que popularizaron la versión de este cuento de hadas de tradición oral, situaran en este rincón de Alemania al sur de Munich la residencia de la princesa Aurora, pero sí que su versión más popular, la que nuevamente el cine se ha encargado de hacer famosa, sí que inspiró el castillo de la princesa Disney en Neuschwanstein.

Y es que el dueño y creador del mayor imperio de producción cinematográfica se inspiró en las bellas formas y en sus puntiagudos acabados no sólo para sus dibujos, sino para su réplica en versión parque temático (el castillo de Disneylandia) y finalmente en su archireconocible logo.

 
Neuschwanstein

No hace falta la buena mano del dibujante Walt Disney para darnos cuenta de que estamos ante una verdadera joya de la construcción, bella como su residente más famosa la mires por donde la mires, pero tampoco hace falta que nos quedemos en este punto de la región para maravillarnos con otros castillos de igual merecedora atención: a pocos kilómetros se encuentra el castillo-palacio de la Juventud, en medio del lago Chiemsee (el mar bávaro) encontramos el magnífico castillo de Herremchiemsee que esconde entre sus paredes unas galerías de igual magnificencia que las que pueblan el palacio de Versalles, del cual se inspira.

Ruta por los castillos del valle del Rin

Recorrer el río Rin es una de esas sensaciones en las que no puedes parar de estimular los sentidos. Sus márgenes escarpadas recogen viñedos infinitos, bosques frondosos, aldeas y pueblos alzados en madera y, por supuesto, castillos.

Sería difícil remarcar alguno solo, puesto que en el recorrido que va desde la histórica ciudad de Colonia hasta la encantadora ciudad de Maguncia podemos contar en torno al centenar de torres, fortificaciones y castillos, tanto en la laderas de las montañas, que no pierden altura pese a encontrarse en un valle, como en la mitad del río, alzándose como aduanas y desafiantes vigías de un río en otros tiempos minado de piratas.

Lo que sí podemos remarcar como imperdible es dejar que los castillos sean el telón de fondo de pueblos de gran belleza como Sankt Goar (cuyo homónimo reflejo en la otra orilla, Sankt Goarhausen es la puerta de entrada al valle de Loreley, una excursión que no debemos dejar de hacer), el medieval Bacharach, el encantadoramente turístico y precioso Rudesheim (con un teleférico que nos llevará por un mar de viñedos hasta un grandilocuente bosque) o las ciudades de Bingen y Coblenza, cuya esquina con el río Mosela es una de esas imágenes definidas como “de postal”.